El miedo como motor del cambio


“Un niño despierta en medio de la oscuridad en una bañera repleta de agua. Un cadáver con un disparo en la cabeza ensangrentada y una pistola a su derecha yacen en escalofríos. Suena el timbre…”

No hay nada más fácil que superar el miedo en una película de suspense. Es algo que sabemos manejar muy bien, pero… ¿Estamos listos para afrontar el miedo real? ¿Nos paraliza el miedo a lo desconocido? ¡Cuántas cosas dejamos de hacer por el miedo!

No nos arriesgamos, por miedo, no nos entregamos, por miedo, no cambiamos, por miedo, no amamos… ¿?  Pero…

¿Qué es el miedo?

Es tal vez eso que nos paraliza, nos impide avanzar, generar, cambiar, crecer. Es la puerta a la desesperanza, una etiqueta: “Los hombres no tienen miedo”.Todos hemos experimentado la emoción del miedo. Es necesaria para atravesar esta vida. Muchas veces creemos que es negativa, que sentir miedo es ser cobarde.

O es una señal, una brújula, una guía, una emoción que nos enseña, es transformador y es esperanza.

El miedo está relacionado con el sentimiento de que algo nos falta, algún recurso para atravesar un peligro. Si tapamos e inhibimos al miedo, crece y produce malestar, tensión. Ante la ignorancia al miedo el cuerpo termina respondiendo con la explosión de ataques de pánico.

¿Qué podemos hacer entonces con el miedo?

Nos conviene darle su lugar, respetarlo, reconocerlo, aceptarlo, entenderlo, enfrentarlo.

Quien siente miedo y atraviesa el obstáculo es aún más valiente.  Descubrir qué recursos necesito y estudiar cómo puedo conseguirlos. Despues del miedo llega una reacción. Encontrar el porqué, para qué, el aprendizaje, la utilidad que nos genera.

La valentía cura una sociedad enferma

La superación del miedo, el camino a la valentía es animarnos a salir de nuestro cuarto, buscar el encuentro de la madurez amorosa. No tengas miedo a contagiar tu alegría de vivir a aquellos que sufren la falta de dignidad. El afrontar nuestros problemas nos ayuda a crecer nuestra autoestima. A la vez ayudar a los demás y el aprendizaje que nos deja expande nuestra autoestima.

En esta sociedad es muy difícil desprendernos del lucro egoísta que impera y bloquea la solidaridad y la alegría de compartir. Produce soledad. El consumo nos acalla, nos vuelve ignorantes y ciegos a las necesidades del otro. Nos dejamos llevar por la cultura de la apariencia, de las prisas. Estamos acostumbrados y adormecidos al escuchar una y otra vez sobre el hambre y la pobreza. Esas noticias ya no nos quitan el sueño.

¡Qué difícil es incomodarnos para prestar atención a lo que pasa a nuestro alrededor y empezar a concentrarnos en la cruda realidad! Creo que es imperativo desprendernos de esa comodidad para comenzar el cambio, para salir de nuestro anquilosamiento espiritual.

La solidaridad en el servicio no es aquella que tranquiliza nuestras conciencias, sino el auténtico interés práctico en escuchar las necesidades de los pobres, de los afligidos y de quienes sufren adicciones o abusos.

Cuando comprendemos la importancia del papel que cumplimos en esta sociedad afrontamos nuestra responsabilidad con valentía. Superamos el miedo apostando a nuestros valores, siendo valientes al defender los derechos de quienes reciben maltrato. Ayudamos a construir así una vida mejor, dejando una huella diáfana, brillante.

La sociedad entera necesita personas que den servicios, pero también de toda la cadena del proceso de decisión. Necesitamos de las decisiones jerárquicas para llevar a cabo un cambio de paradigma espiritual.

Dejemos que el metal de nuestro corazón sea templado a través del fuego de las adversidades. Necesitamos abrir los ojos hacia los demás y escuchar la oportunidad de servir. Todos tenemos el derecho a ayudar. Podemos elegir despertarnos, participar, comprometernos en las relaciones humanas.

¿Cómo? ¿Con qué puedo ayudar?

A veces dudamos por dónde empezar. Lo más prudente podría ser comenzar por nosotros mismos, olvidar para aprender a amar. Saber perdonar nuestras faltas, equivocaciones y omisiones. El amor es concéntrico. Empieza desde dentro nuestro hacia a fuera o y así encendemos el motor que nos lleva a una mayor expresión.

Todos contamos con talentos especiales que no pueden esperar a ser pedidos bajo demanda. Podemos adelantarnos y ofrecerlos. Albert Einstein dijo: “Todos somos genios, pero no le pidas a un pez trepar un árbol”. Ya sea con tizas, pizarras, enseñanza en higiene personal, con alimentos, cuidado, regalos, entretenimiento, con la divulgación, como puente o en la oración, con una mirada de protección y de consuelo hacia aquellos que tienen el corazón dolido y lastimado.

Se vislumbra una juventud que piensa y que siente. Son adolescentes que ayudan a los discapacitados, visitan a los enfermos y a los pobres. Saben que pueden poner en marcha sus sueños. Pueden superar los prejuicios, los miedos al “no va a funcionar”. Dedican su tiempo a algo distinto. Encuentran en la crisis la oportunidad de desarrollar la caridad, el compromiso y la justicia. Trabajan para una sociedad mejor, por un mayor respeto a los demás y a ellos mismos.

No pienses si puedes o no puedes. La escasez de tiempo ya no implica una excusa. Todos tenemos el mismo tiempo: 24 horas al día. Es imprescindible concentrarnos en dedicar el día entero, sin tener en cuenta las circunstancias, nuestro estado de ánimo ni nuestros miedos a una conversión misionera.

Todos estamos llamados a abrir nuestra muralla. No sólo abrir la mirilla sino la puerta entera de nuestra alma. Ser facilitadores hasta quedar conformes en el refugio que brindamos a los más débiles.

Curar las llagas, apostar a la calidez que abraza necesidades. No se necesita una solidaridad exprés, esa que cura culpas, sino la profunda, la que emana del buen corazón.

No existe mayor ayuda que lo necesario para una verdadera independencia, una auténtica dignidad ya sea material o emocional.

Ayudar nos ayuda. Es el crecimiento en el proceso de ser persona. ¿Hasta dónde? Hasta que la humildad y la misericordia formen parte de nuestro plan de vida.

Principios

Nuestras acciones están encaminadas a un reparto de bienes absolutamente solidario

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Por Que?

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